domingo 5 de diciembre de 2010

I


(Es gracioso que casi siempre empiece escribiendo sobre cafés)


Termino el segundo café de la mañana. Leo Guardianes de la intimidad de Dave Eggers. Escucho el tercer disco de Portishead. Comienza a llover. Me acuerdo del titular de El País y de que Wikileaks está liando una traca muy graciosa. Todo es muy gracioso. La estufa está encendida. Me acuerdo de un artículo que leí ayer ¿o fue hoy? No lo sé, que denominaban a los escritores nacidos en la década de los ochenta como una generación perdida, perdida porque no se interesan única y primordialmente por la literatura. Entre líneas creo que deduje, o tal vez sea muy mal pensado, que no se interesaban por nada. Llueve más fuerte. Dejo Guardianes de la intimidad sobre El ruido y la Furia y éste a la vez sobre Trenes hacia Tokio y sobre otro que no distingo a ver el dorso y no me apetece levantar para saber. Me gusta el ruido de la lluvia mientras leo o mientras escribo; creo que mientras estoy caliente en este cuartucho. El país está en estado de alerta. Vehículos y camiones militares están estacionados a la entrada de Barajas. Es todo un poco extraño. Menos mal que el rey pudo aterrizar sin problemas. Hay una mosca en el cuarto que hace un par de horas me molestaba mucho pero que ahora me hace compañía. Supongo que en un día de lluvia es típica la situación. No sé si iré esta tarde a ver la nueva peli de Iñarritu. Llueve cada vez más fuerte. Quito Porsthead y abro This Will Destroy You, me encanta el título. Parece que la música va a ritmo con la lluvia (o al contrario) con las varillas calientes del radiador, con el polvo y la suciedad del suelo. Le digo algo a la mosca. No me responde pero se acerca un poco.

Mari se acaba de levantar. Escucho el teléfono. Miro la estantería repleta de libros que no he leído. Veo mi cajetilla de tabaco roja con 500 GB de películas. Llueve y pienso en levantarme y coger mi reloj y romperlo con la esquina de la mesa y sacarle las manecillas y dejarlo boca arriba, pero, a pesar de todo, tengo sueño. Siento unas inmensas ganas de dormir. Y creo, quizás me equivoque, espero, que Aznar va a volver a dirigir este gran país. Hace una semana que dejé de leer a Hobsbawn.

Tengo sueño.

Hay algo extraño en todo esto. En la lluvia me refiero. No es normal que llueva tanto en Córdoba.

4 comentarios:

María Mercromina dijo...

Mi tercer café...
la lluvia sigue apuñalando mis cristales.
Intento concentrarme en los rayos X, se aproxima mi examen, y sólo se me viene a la cabeza Chérnobyl.

Un abrazo, espero verte pronto

María Mercromina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Daniel Perea Serrano dijo...

"No es normal que llueva tanto en córdoba"
Esta reflexión es la misma que he tenido con una mujer esperando la parada del bus esta misma tarde, curioso, una mujer que nunca había visto y que al igual que yo miró al cielo como si ese agua que empezaba a calarnos pudiera controlarse, nos quedamos el resto de la espera en silencio, reflexionando, fumando -ella más que yo- como ese reloj, como aznar de nuevo, como esos libros que posiblemente nunca leas o termines, o esas pelis que acabarán por borrase para meter más de nuestra mierda...
PD: "No sé como puedes tomar tanto café con tu cafetera"
Un abrazo máquina

Salvador Blanco Luque dijo...

Concéntrate, creo que a tu profesor no le gustaría que escribieras nada que rime con Chérnobyl.

Universos paralelos; no estamos acostumbrados a tanta agua.
Ya sabes cabronazo la próxima vez que vengas a mi casa me regalas una cafetera y que no se te olviden esos dulces con almendra. También un reloj sin cristal ni manecillas (y no me refiero a un Casio de 6 euros).

¿Qué podemos esperar?

Un abrazo a los dos.