martes 5 de julio de 2011

Los cinco soles de España



Para disfrutar en estos días de aire acondicionado, salidas fugaces a las diez de la noche y chapuzones infrecuentes en cualquier piscina cercana para paliar, momentáneamente, la angustia del calor, estoy leyendo un libro que me recomendó una amiga, y no conocía: Los cinco soles de México. Memoria de un milenio, de Carlos Fuentes. Es un libro de cuentos acerca de la historia mexicana. Fantástico. La sencillez y claridad con que Fuentes afronta la identidad, la conquista, la revolución y, sobre todo, el origen de México da, voy a ser claro, bastante miedo; es ese miedo que sorprende y sobrecoge, excitándote, ante alguna manifestación inesperada de la naturaleza. Pero no quiero hablar del libro porque ya ha sido valorado por muchos otros. Las preguntas, opiniones y razonamientos de Fuentes me hicieron mirar a mi alrededor y sonreír ante lo tremendamente irónica que son a veces las cosas, o la historia, o la realidad, o la vida, o solo tal vez lo lúdico de mi imaginación.

En el primer fragmento del libro, Fuentes, se pregunta: ¿Cuándo empezó México? Y desde ahí se lanza a explicar el origen, que no el comienzo, de México.

Y yo me pregunto: ¿Cuál es el origen de España?

Claro está, no tengo la respuesta, tampoco busco contestarla en éste texto, ni tengo la clarividencia de Fuentes. Escribo esto porque en el prefacio hay varios momentos que inconscientemente los he relacionado con la actualidad, sin pretenderlo, simple conexión involuntaria, y por eso estoy escribiendo.

El primero es el momento histórico de la conquista. El día de Pascua de 1519 Hernán Cortés desembarca en la costa de Veracruz al frente de 508 hombres, 16 caballos y 11 navíos. El día exacto que había sido pronosticado el regreso del Dios Quetzalcóatl para comprobar cómo habían tratado los aztecas la tierra. Y ahí, en la coincidencia, en las supersticiones, en el miedo a los Dioses, en la sordera de las voces de su pueblo, en la ceguera de las injusticias contra su pueblo, Moctezuma se rindió, decidió no pelear contra los minotauros, contra el fuego y las cruces de metal afiladas. Moctezuma solo miraba al cielo esperando que los Dioses le hablasen, le dieran la respuesta, el rumbo que debía seguir. Pero no lo hicieron y Moctezuma murió. En su lugar, Cuauhtémoc fue erigido nuevo y último tlatoani de México. Aunque la batalla estaba casi perdida Cuauhtémoc lideró la sublevación mexicana contra los invasores, intentó organizar un imperio sumido en el caos, distribuir y conseguir alimentos y agua potable para su gente, e intentar unir, de nuevo, pero esta vez desde el diálogo y las concesiones, a los pueblos del imperio, armándose para el regreso de los españoles. El último Tlatoani intentó liberar a su pueblo.

En un cuento del libro, Fuentes le da voz a Cuauhtémoc cuando es apresado y presentado ante Cortés, amarrado y solitario, le dice a Cortés: «He hecho en defensa de mi pueblo y vasallos todo lo que estaba obligado a hacer por pundonor y también por pasión, fuerza y convicción. Y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma luego este puñal que traes en la cintura y mátame luego con él» Y de repente sentí… una gran admiración por la escena que me mostraba Fuentes y yo maximizaba y coloreaba: Un emperador derrotado, volcaba en la tierra cada gota de sudor y sabiduría y pasión y sangre por su pueblo, ante un hombre ambicioso, cruel e inteligente…y entonces, olvidando el libro y la historia de México, regresando a mi habitación, pensé, identifiqué, que aún nos gobiernan Moctezumas supersticiosos, dictatoriales, que solo miran al cielo (¿Quiénes son los verdaderos dioses de nuestro presente?) que solo escuchan a Malinchas, poseedoras únicas del poder de la palabra, del engaño, del interés… y pensé en todas las mentiras, en los discursos estériles y supersticiosos de los políticos, sordos y ciegos a lo que ocurre a su alrededor, evitando enfrentarse al conflicto de expulsar a los invasores. No quiero Moctezumas que reinen la palabra y utilicen a las naciones. Quiero a Cuauhtémoc/as que tengan la pasión, la fuerza, la convicción y la sabiduría de sacrificarse y dirigir el destino de su nación. Yo conozco alguno que necesitaríamos fuese político; no estoy seguro, perdonar si me equivoco, pero creo que fue Sócrates quién dijo que: deben dirigir aquellos que tengan la sabiduría y sean elegidos sin ellos desearlo.

El otro instante donde desconecté es cuando Fuentes trata la revolución Mexicana de 1910; para ello utiliza una cita de María Zambrano que dice: «Una revolución es como una anunciación. Es tan importante por lo que logra como por lo que promete». Y fui consciente, en un breve instante, como me ha ocurrido varias veces mientras he leído éste gran libro, que estoy viviendo un momento histórico, una fecha: 15M, o tal vez un año: 2011, o un período: 2011-2…. que será tratado por historiadores, sociólogos o quizás por el Fuentes del siglo XXIII para escribir un magnífico prefacio y un cuento del libro Memorias sobre los tres milenios; pero ¿de qué identidad hablará?

Vivo un momento histórico, miles de personas, en distintitos países, de diferentes y muy alejadas culturas, niveles educacionales, profesionales, idiomáticos e ideológicos dicen que están cansados, hastiados, indignados. ¿Qué está ocurriendo? ¿Qué se está prometiendo, qué se sueña prometiendo?

Fuentes utiliza otra cita de María Zambrano para bifurcar el momento de la conquista no solo como la masacre y el fin de una época que fue, sino también como el comienzo de otra cosa: el mestizaje, el barroco indígena, las primeras grandes ciudades, universidades, la multiculturalidad, Sor Juana Inés de la Cruz, Durero, la religión no sangrienta sino sacrificada, la lengua, la contraconquista mexicana, como dice Fuentes… «Una catástrofe solo es verdaderamente catastrófica si de ella no se desprende algo que la rescata, algo que la sobrepasa». Una frase que no deja indiferente.

El imperio azteca terminó en su quinto sol. Tal vez, solo tal vez, nosotros en nuestro quinto sol, nuestro quinto presidente democrático, acabe una época y empiece otra de mestizaje y esplendoroso barroco indígena y universidades.

Lástima que Zapatero no sea Cuauhtémoc.

Y qué decir de Rajoy.

2 comentarios:

Vico dijo...

Amigo, me ha encantado tu comentario al libro, ha sido como releerlo de nuevo para sacarle más partido.

Ahí va lo que me tengo ahora entre manos, y te recomiendo: "Diálogos de refugiados", de Bertolt Brecht, muy cortito pero intenso, creo que te gustará mucho... y si te animas espero impaciente otra reseña de las tuyas para ayudarme a leer entre líneas todo lo que se me haya escapado.

Nos reencontraremos en el pais de los 5 soles!!!

Salvador Blanco Luque dijo...

Muchas gracias.

Anotado está "Diálogos de refugiados", ya sabes que tus recomendaciones ocupan un lugar privilegiado en mi escritorio, y en la mesita de noche.

Joder qué poquito queda!!!
En quince días bailaremos y brindaremos a la salud de Cuauhtémoc.

Un beso.